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Freshen

La limpieza de tu casa, reservada y repetida sin llamar a nadie

La demo es una recreación del sistema, con datos inventados: el original es del cliente y no se publica. No hay que registrarse.

Pantalla de Freshen

El contexto

Quien tiene una limpieza semanal no la contrata todas las semanas: la arregló una vez y desde entonces la maneja por WhatsApp. «Esta semana no», «¿pueden venir el jueves?», «dejo la llave con el encargado». Funciona hasta que la persona de siempre no puede ir y nadie avisa, o hasta que hay que explicarle a alguien nuevo dónde está la llave y que el perro muerde. Lo que falta no es una app para contratar: es la agenda de una relación que ya existe.

Qué hace el sistema

  • La pantalla de entrada es la próxima limpieza —cuándo, quién viene y qué se va a hacer—, no un catálogo: quien abre esto ya es cliente
  • La recurrencia se elige una vez y se mueve cuando hace falta. Saltear una semana es un toque y no una conversación, que es exactamente lo que hoy se hace por mensaje
  • Las instrucciones de acceso viven en el perfil y no en la cabeza de una persona: dónde está la llave, el código del portero, el perro. Cuando va alguien nuevo, va sabiendo
  • Los extras se agregan al pasar —horno, ventanas, interior de placards— y cada uno dice cuánto tiempo suma, porque el que pide tres extras sobre una limpieza de dos horas está pidiendo otra visita
  • Se ve quién viene, con nombre y cara, antes de que toque el timbre. Es la diferencia entre abrirle la puerta a alguien y abrirle la puerta a un desconocido
  • Reprogramar tiene una regla escrita y a la vista: hasta cierta hora es gratis y después se cobra, porque la cuadrilla ya salió. La condición está antes del botón, no en los términos
  • Y la calificación pregunta por lo que se puede arreglar —¿faltó algo?, ¿llegó tarde?— en vez de pedir estrellas, que es un número que no le sirve a nadie para corregir nada