Software factory, freelance o equipo interno: cuál conviene según tu empresa
Cuánto cuesta de verdad cada opción incluyendo lo que no aparece en la factura, en qué condiciones cada una es la correcta y cuál es el modo de fallar típico de cada una.

Toda empresa que necesita software por primera vez llega a la misma bifurcación: contrato a alguien, contrato a una empresa, o armo un equipo propio. Las tres opciones funcionan. Las tres también fracasan, y fracasan de maneras distintas y predecibles.
Esta nota no va a decirte que la respuesta es "una software factory" porque nosotros somos una. Va a decirte en qué condiciones cada opción es la correcta, cuánto cuesta cada una de verdad —incluyendo lo que no aparece en la factura— y cuáles son las señales de que elegiste mal.
El freelance
Cuándo es la decisión correcta
Un freelance senior es difícil de superar cuando el trabajo es acotado, bien definido y de una sola disciplina. Una landing page, una integración puntual, un módulo nuevo sobre un sistema que ya existe y está documentado, un rediseño. Trabajos donde alcanza con una cabeza y donde el alcance cabe en un mail.
También es la opción sensata cuando el presupuesto es genuinamente chico. Un proyecto de USD 2.000 no puede pagar la estructura de una empresa, y forzarlo termina en una empresa que le asigna a su perfil más junior.
Qué cuesta de verdad
La tarifa de un freelance senior en Argentina se mueve entre USD 25 y 45 la hora, más barata que la de una empresa por una razón evidente: no está pagando estructura. Pero hay costos que no están en la tarifa:
- Vos sos el project manager. Definir, priorizar, revisar y coordinar lo hacés vos. Si tu hora vale algo, sumala.
- No hay redundancia. Si se enferma, se muda, consigue un trabajo en relación de dependencia o simplemente deja de contestar, el proyecto se detiene. Y el conocimiento del sistema se va con él.
- Rara vez cubre todas las disciplinas. Un gran backend no necesariamente hace buen frontend, ni piensa la experiencia de uso, ni sabe de infraestructura.
El modo de fallar
El fracaso típico del freelance no es que trabaje mal. Es que el proyecto lo supera y nadie se da cuenta a tiempo. Empieza bien, el alcance crece, la persona no da abasto, las respuestas se espacian, y a los cuatro meses tenés un sistema a medio hacer que nadie más entiende. Cuando eso pasa, empezar de cero suele salir más barato que retomarlo.
El equipo interno
Cuándo es la decisión correcta
Un equipo propio se justifica cuando el software es el negocio o una ventaja competitiva central. Si tu producto es una plataforma, si el sistema es lo que te diferencia de la competencia, o si vas a estar cambiándolo permanentemente durante años, tener el conocimiento adentro no es un lujo: es una necesidad.
La regla práctica: si podés proyectar dos años de trabajo continuo de al menos dos o tres personas, empezá a evaluarlo en serio. Con menos que eso, el equipo interno pasa más tiempo esperando trabajo que haciéndolo.
Qué cuesta de verdad
Acá es donde los cálculos suelen fallar. El costo de un desarrollador no es su sueldo:
- Sueldo más cargas. En Argentina, sumá aproximadamente un 45% sobre el bruto entre aportes, ART, aguinaldo y vacaciones.
- Equipamiento y licencias. Notebook, herramientas, servicios.
- El costo de reclutar. Entre búsqueda, entrevistas y el tiempo de quien entrevista, cubrir una posición técnica lleva de uno a tres meses.
- La curva de aprendizaje. Un desarrollador nuevo no produce a pleno hasta el mes dos o tres.
- La rotación. El sector rota. Cada salida se lleva conocimiento y reinicia el ciclo.
- Alguien tiene que liderarlos. Un equipo de tres personas sin conducción técnica produce tres soluciones distintas al mismo problema.
Un equipo mínimo viable —dos desarrolladores con algo de conducción— es un compromiso de varios miles de dólares mensuales que se sostiene tengas o no tengas trabajo para ellos ese mes.
El modo de fallar
Dos formas clásicas. La primera: contratar antes de tener trabajo sostenido, y terminar con gente cara haciendo tareas que no justifican su costo. La segunda, más silenciosa: quedar aislados. Un equipo interno chico sin exposición a otros proyectos tiende a resolver todo de la misma forma, la que ya conoce, aunque haya dejado de ser la mejor hace tres años.
La software factory
Cuándo es la decisión correcta
Una empresa de desarrollo tiene sentido cuando necesitás varias disciplinas a la vez, por un tiempo acotado, con una fecha que importa. Un sistema de gestión completo necesita alguien que piense el modelo de datos, alguien que arme las pantallas, alguien que se ocupe del despliegue y alguien que coordine. Contratar esas cuatro capacidades por separado es un proyecto de gestión en sí mismo.
También es la opción correcta cuando el software es importante pero no es tu negocio. Una empresa de logística necesita un excelente sistema de flota; no necesita convertirse en una empresa de software para tenerlo.
Qué cuesta de verdad
La hora se ubica entre USD 30 y 55 y el proyecto suele cotizarse cerrado. Es más caro por hora que un freelance porque incluye la coordinación, la redundancia y las disciplinas que el freelance no cubre. Lo que ahorra:
- La gestión no la hacés vos.
- Hay reemplazo. Si alguien se va, el proyecto sigue.
- Con precio cerrado, el riesgo de la estimación no es tuyo. Si el equipo estimó mal, la diferencia la absorbe él.
El modo de fallar
El fracaso típico es la distancia. Una empresa con muchos clientes puede asignarte el equipo que tiene libre en vez del que corresponde, cotizarte con senior y ejecutarte con junior, o entregarte algo que cumple el contrato al pie de la letra y no resuelve tu problema. Esto se detecta antes de firmar: preguntá quién específicamente va a trabajar en tu proyecto y con qué frecuencia vas a ver algo funcionando.
Cómo decidir
Cuatro preguntas, en este orden.
1. ¿El software es tu negocio o una herramienta de tu negocio?
Si es tu negocio, el conocimiento tiene que terminar adentro. Equipo interno, eventualmente. Si es una herramienta, tercerizarlo es una decisión sana.
2. ¿Cuánto trabajo hay, de verdad, para los próximos 24 meses?
Trabajo continuo para tres personas o más: equipo interno. Un proyecto grande y después mantenimiento: software factory. Algo puntual: freelance.
3. ¿Cuántas disciplinas necesita el proyecto?
Una sola: freelance. Tres o más: empresa o equipo.
4. ¿Qué pasa si la persona clave desaparece mañana?
Si la respuesta te da miedo, necesitás una estructura con redundancia.
El camino que funciona en la mayoría de las pymes
En la práctica, el recorrido más común y más sano es escalonado:
- Arrancás con una empresa para construir la primera versión con alcance y precio cerrados. Conseguís algo funcionando sin comprometerte a una estructura fija.
- Sumás un freelance de confianza para los ajustes chicos y el día a día, mientras el sistema madura.
- Recién cuando el software se vuelve central, empezás a llevar el conocimiento adentro. Y ahí lo hacés con un sistema que ya existe, ya funciona y ya está documentado, en vez de empezar de cero.
Lo importante de este orden es que cada paso se financia con el resultado del anterior. Contratar un equipo interno para construir la primera versión es la forma más cara de descubrir que el sistema que necesitabas era distinto al que pediste.
Una condición que vale para las tres
Sea cual sea la opción, exigí lo mismo: que el código y los accesos sean tuyos. Repositorio a tu nombre, credenciales de infraestructura en tu poder, documentación de cómo se levanta el sistema. No es desconfianza, es continuidad. El día que quieras cambiar de proveedor —y ese día llega en todos los proyectos que duran— la diferencia entre una transición de dos semanas y empezar de nuevo está exactamente ahí.